Visita al orfelinato de Peris

Hay mayor alegría en dar que en recibir

El domingo 10 de diciembre pasado fue un día especial. Ya el clima caprichoso nos lo advertía: empezó lloviendo, luego cayó agua-nieve y después incluso nevó. Gracias a Dios cuando salimos de la misa apareció un sol radiante y el cielo estaba azul.

Adelantamos la hora de la misa, para poder llegar con tiempo a Peris y organizar mejor la visita. Desde hacía varias semanas, preparábamos esta jornada con mucha ilusión, y no sabíamos cómo iba a salir, porque era la primera vez que hacíamos una visita a un orfelinato.

Antes de la misa, en medio de un aguacero, cargamos los regalos con la ayuda de Marius, el portero de la catedral. Valdemar se veía en su salsa organizando la logística del evento. ¿Estarían todos los regalos para los 54 niños? Confiábamos en la providencia, pues aunque todas las familias se habían comprometido a traer las zapatos, sabíamos que “el hombre propone y Dios dispone”, y así fue: faltaban 5 pares de zapatos que tenía que traer una familia, pero sólo había que recogerlos, pues sólo los habían olvidado en casa. Sobre la marcha Saray escribió la dirección en el navegador del celular y se fue directa a recoger los zapatos que faltaban y los envolvió al llegar al orfelinato.

En el salón parroquial degustamos en un santiamén el pan de jamón que trajo la familia Duque. La cocina venezolana tiene éxito. La gente se iba apuntando a la visita sobre la marcha, nadie se quería perder el plan. Vinieron la familia Pérez, que tuvo la idea de la campaña, y varias familias más, como la de Elluz, que vive cerca de Peris y se presentó con un cargamento de caramelos y frutas. Nos intercambiamos la dirección del orfelinato y salimos cada coche por su cuenta.

Los primeros en llegar fueron los Arroyo. No hablan mucho rumano, pero Pablo con su sonrisa se coló entre los niños del orfelinato como uno más. Los niños nos recibieron entusiasmados y nos impresionó su sencillez. Comenzó la fiesta. Primero cantaron los niños unos villancicos rumanos y después cantamos nosotros: Los peces en el río, Niño lindo… Luego nos presentamos y distribuimos los regalos como pudimos. Un caos controlado, porque faltaban y sobraban zapatos, pero se arreglaba el lío sobre la marcha, con soltura. Al final quedamos todos felices y dispuestos a volver. Mica y Francesco, los estudiantes de Erasmus, harán voluntariado los domingos por la tarde junto con otros compañeros de la universidad. Hemos comprobado que hay mayor alegría en dar que en recibir. Todos queremos volver a repetir esta experiencia inolvidable.

Mica y Francesco, harán voluntariado los domingos por la tarde. Todos queremos volver a repetir esta experiencia inolvidable.

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